Maneras de vivir

El mítico grupo de rock urbano, Leño, marcó una era dentro de la movida madrileña, antes y después y esto es indudable. Una de las interpretaciones más épicas de Rosendo Mercado y su «Maneras de Vivir» fue en 2019 en el Wizink Center, pero por mucho que lo sienta, no es de esto de lo que quiero hablarte hoy (aunque eso sí, te dejo el vídeo de «maneras de vivir» para que lo disfrutes conmigo), sino de algunas formas comunes de expresarse que, racionalizadas, muestran lo irónicas que son algunas maneras de vivir.

Empecemos por la más simple de las expresiones: «Ver el vaso medio lleno o medio vacío«. Resulta que si eres de los que ven el vaso medio lleno, te considerarán optimista y si lo ves medio vacío, erás un pesimista de tomo y lomo. Pero resulta que es literalmente imposible que un vaso pueda estar medio lleno o medio vacío, porque un vaso siempre estará lleno. Podrá tener un líquido en su interior y este líquido ocupará un determinado volumen y el resto hasta el 100% de la capacidad del vaso, siempre estará ocupada por aire, por lo que el vaso estará siempre lleno de líquido y aire, estando en la parte baja del vaso el que tenga mayor densidad de los dos.

¿Aún sigues pensando en vasos medio llenos o medio vacíos? Pues yo, que soy defensor de que los vasos siempre están llenos, creo que mi optimismo se basa en que mi manera de vivir es ver el vaso siempre lleno de aire, porque eso me amplía posibilidades ya que puedo intercambiar el aire por el contenido de mis objetivos llenándolo de materia que enriquezca mi proyecto de vida. Quedarme en pensar que soy optimista solo cuando el vaso esta medio lleno, es quedarme a medias. Siempre necesito tener un vaso lleno de aire, aire que en el vaso no me sirve de nada, e intercambiarlo por materia con fundamento. Esa sí es mi manera de vivir.

Vamos a por la segunda. Si te preguntan por las estaciones de año, dirás que son primavera, verano, otoño e invierno, que es como te lo enseñaron y como lo repites cual mantra machacón. Si me preguntas a mi, yo siempre responderé que las estaciones del año son invierno, primavera, verano y otoño. ¿Por qué? pues muy simple. El día 1 de año, es invierno y el el 2 y el tres y el cuatro y así hasta el día 90. Luego empieza la primavera, cuando ya han pasado 90 días de invierno y resulta que según la cantinela que nos enseñaron, la primera estación del año es ¿la primavera? Pues para nada. Y tampoco se sostiene el pensar que la última estación del año sea el invierno, que aunque sí sea cierto en rigor, el invierno solo lleva 10 días para cuando el año finaliza.

Ahora es cuando me hablas de optimismo y de que a partir de la primavera el tiempo mejora y bla, bla, bla. ¿De verdad crees que el tiempo mejora por que suban las temperaturas? ¿Y si a mi lo que me gusta es practicar deportes de invierno? Cuando suben las temperaturas, se acabó lo bueno. Sol, playa, chiringuito y depresión, porque no puedo hacer lo que me gusta. Claro que siempre habrá alternativas, como irme a pasar el verano a un lugar donde sea invierno, porque el afrontar con buena cara, en este caso, la climatología, es mi manera de vivir.

Por cierto. ¿Sabías que mientras tú comienzas la semana trabajando, yo la empiezo con un día de fiesta? La organización en Europa es que la semana comienze los lunes. Los lunes es el primer día de la semana y se trabaja, por eso la gente odia los lunes. Yo comienzo mi semana los domingos, día de descanso por excelencia y luego ya el segundo día de la semana, trabajo. ¿Y qué si yo quiero hacerlo así? ¿Acaso afecta en algo a mi organización laborar o a la de mis clientes? Pues no, pero en lo que sí afecta y muy positivamente es a mi manera de vivir.

Bueno. ¿Y qué me dices de esas tribus perdidas? ¿Perdidas? Ellos saben muy bien dónde viven y por qué viven ahí y porque vivan lejos de la civilización, no están perdidos en absoluto. Más bien somos tú y yo quienes estamos perdidos por vivir en un lugar donde dependemos de un montón de circuitos impresos que inter-relacionan con otros circuitos impresos y que nos ofrecen una efímera felicidad basada en el número de circuitos impresos que han contactado con el nuestro. Si a esto le unimos que vivimos en un mundo donde «lo moderno» es vivir apelotonados en una masa de hierro y hormigón y donde es tanto más caro cuanto más alto vivas o que vivamos permanentemente controlados por los gobiernos que nos espían cuando dejan de espiarnos las multinacionales y a quienes regalamos nuestra privacidad y nuestra intimidad, yo de antemano digo que esa no es mi manera de vivir. Tampoco es que quiera vivir en una tribu en la selva, pero ellos no tienen prisa. Viven el día a día y por la noche se sientan todos alrededor del fuego y escuchan historias de quienes más saben: los viejos. Nosotros consideramos que está feo que alguien mayor, trabaje y más si es cara al público, por lo que lo pre-jubilamos, nos quitamos de en medio a quien más experiencia tiene, lo arrinconamos en su casa y cuando comienza a molestar, lo confinamos en una residencia, eufemísticamente llamada de mayores, y todo ello en espera de que muera para aprovecharnos de su herencia. Esto es lo que mola ¿verdad?

Y para finalizar, me quiero referir a ese órgano al que se le atribuyen capacidades como el amor, las sensibilidad, la piedad, la simpatía y la empatía o simple cariño, pero tú ¿en qué órgano estás pensando? ¿En el corazón tal vez? Pues yo no. Yo pienso en el cerebro. El corazón no es más que un músculo que bombea sangre y es al cuerpo de los seres vivos, lo que la bomba de gasolina a un motor. Vital e imprescindible, pero para nada el generador de los sentimientos ni el centro sensitivo de la persona. Es más, si pones juntos el corazón de una persona y el de un cerdo, poca diferencia encontrarás.

Verás, hace unos días vi nuevamente la película «Marte» en la que su protagonista queda abandonado a su suerte en Marte más de un año, cuando, por culpa de una tormenta, él y su equipo tienen que abandonar el planeta. Tras un accidente, sus compañeros le dan por muerto y deciden que el bienestar del grupo es más importante que rescatar el cuerpo sin vida de su compañero, por lo que lo abandonan. Luego resulta que éste no estaba muerto y ahí es donde empieza la trama.

El protagonista, se encuentra que tiene que sobrevivir y en ningún momento apela a sus sentimientos o se siente ofuscado por su «corazoncito» al verse abandonado. Y por descontado, en ningún momento intenta acogerse a creencias religiosas ni otro tipo de supersticiones. Se limita a aplicar sus conocimientos científicos que son los únicos que le sacan de la situación en la que se encuentra. Racionaliza cada instante de la situación en la que vive y gracias a ello y al pequeño detalle de que la agencia aeroespacial consigue volver a Marte a recogerlo, es capaz de sobrevivir. La ciencia, el raciocinio, el análisis de la situación y la toma de decisiones basada en la experiencia, junto al trabajo en equipo son la única manera de vivir que nos hará progresar como personas y como colectivo.

Author: fbueno.net

Sarcástico, irónico y cáustico. Agnóstico, irreverente, apolítico, apátrida y ciertamente asocial. Defensor del abstencionismo reflexivo y amante del Rock.